Entrevista
El
29 de Setiembre de 1964 apareció por primera vez una tira de Mafalda. Su
autor, Joaquín Salvador Lavado, Quino, no sospechaba entonces que las
reflexiones puestas en boca de este personaje serían traducidas a 26
idiomas y que sus libros venderían, sólo en el país, 20 millones de
ejemplares. Pasaron 30 años desde aquella historieta inicial y 20 desde
que Quino la dibujó por última vez. Sin embargo, sigue tan vigente como
entonces. Los diez únicos libros de la serie continuan reimprimiéndose
una y otra vez en todo el mundo. En esta nota Quino, un mendocino de 62
años, habla sobre mafalda y el significado que tuvo en su carrera.
También opinan lectores de aquella y esta generación, y sus colegas de
Clarín le dedican un homenaje.
Hubiese sido el primero, y con seguridad el único personaje de
historieta en lograrlo. Pero a último momento tropezó con la zancadilla
de una reglamentación injusta. Lo cierto es que la iniciativa existió:
el 26 de octubre de 1988 llegaba al Concejo Deliberante un proyecto de
ordenanza para que Mafalda fuera reconocida como Ciudadana Ilustre de la
Ciudad de Buenos Aires. Con la firma del entonces intendente porteño,
Facundo Suárez Lastra, y de su secretario de Cultura, Félix Luna, el
proyecto se justificaba en que el personaje "simboliza lo mejor del
espíritu de muchos jóvenes argentinos, que no se resignan a acatar el
orden establecido y pretenden modificarlo y enriquecerlo con sus propias
ideas. Mafalda hizo reflexionar muchas veces a sus lectores sobre la
validez de los hábitos, creencias, prejuicios y lugares comunes,
ayudando de este modo a construir una sociedad mejor". Y terminaba
diciendo: "Mafalda sigue siendo, en la memoria colectiva de los
argentinos, la chica preguntona, cuestionadora, irreverente e inesperada,
que planteó en su momento tantos interrogantes molestos a la sociedad
argentina".
La iniciativa no prosperó porque los concejales dijeron que el título
honorífico sólo es para las personas. No se detuvieron a pensar que, al
fin de cuentas, Mafalda es más humana que muchos seres humanos. Y como
tal, tiene partida de nacimiento impresa en letras de molde.
La primera aparicion pública de Mafalda tuvo lugar hace exactamente 30
años, el 29 de setiembre de 1964, en la revista "Primera Plana". En su
caso, la partera no dijo macho: el flamante personaje que con los años
se trans- formaría en un estandarte de lucha por la igualdad social -en
tiempos en que la liberación femenina aún estaba en pañales-, llevaba
sus polleras bien puestas.
"¿Por qué mujer?
No lo sé. Al principio uno no se detiene a pensar en esas cosas?", dice
hoy Joaquín Lavado, Quino, el creador de Mafalda.
El dibujante tampoco se había puesto a pensar, tres décadas atrás, que
las ideas de esta niña tan ingeniosa como irreverente, tan reflexiva
como contestataria, iban a recorrer el mundo traducidas a 26 idiomas,
desde el japonés, italiano y portugués, hasta el griego, francés y
holandés. No sospechó que un día el escritor Julio Cortázar llegaría a
decir: "No tiene importancia lo que yo pienso de Mafalda. Lo importante
es lo que Mafalda piensa de mí". Mucho menos que aunque la URSS haya
desaparecido, lo mismo que Los Beatles y la guerra de Vietnam, el
mensaje de Mafalda seguiría manteniendo la misma dosis de genialidad y,
sobre todo, de actualidad. Quino jamás imaginó que ese ser diminuto y
genial, con una inteligencia y sagacidad inmune a los razonamientos
adultos y apenas rodeada de un apropiado universo infantil, elevaría la
historieta a la categoría de "cuentos morales". Con una exacta dosis de
simpleza y profundidad, Mafalda se convirtió en el personaje de
historieta que más significa hoy para los argentinos.
En cambio para Quino -dueño de una genuina modestia-, todo empezó por
casualidad y sin que él se propusiera ninguna grandeza:
En realidad Mafalda iba a ser una historieta para promocionar una nueva
línea de electrodomésticos llamada Mansfield. La agencia Agnes
Publicidad le encargó el trabajo a Miguel Brascó, pero como él tenía
otros compromisos, me lo pasó a mí . Esto fue en 1963. Pero la campaña
nunca se hizo y las ocho tiras que dibujé quedaron guardadas en un cajón.
Hasta que al año siguiente Julián Delgado, secretario de redacción de
"Primera Plana", me pidió una historieta. Entonces rescaté esas tiras y
bueno, ahí empezó todo.
Esta anécdota, que Quino contó muchas veces, tiene algunos detalles poco
conocidos. Por ejemplo, el nombre del empleado de la agencia que le
encargó la tira: el actor Norman Briski. "En aquel momento ese nombre me
quedó grabado -recuerda hoy Brascó-, porque era una mezcla de mi
apellido con el del dibujante Oski. Cuando me llamó, esta coincidencia
me resultó graciosa y fui a la agencia a ver de qué se trataba. Querían
una familia con padre, madre y dos hijos: un típico contexto para que
aparecieran los productos. Lo que necesitaban no tenía nada que ver con
lo que yo normalmente hacía, así que le derivé el trabajo a Quino, que
en ese momento trabajaba conmigo". En cuanto al exótico nombre de
Mafalda, el nombre surgió de la versión cinematográfica de la novela
"Dar la cara", de David Viñas. En una escena de esa película aparece un
bebé dentro de un moisés que se llama así, y Quino adoptó el nombre.
Pasaron treinta años, y ese nombre adquirió estatura propia y universal.
En el pequeño estudio que Quino tiene en su departamento de Buenos Aires
-ubicado en pleno centro a 15 pisos sobre el nivel del tráfico porteño;
confortable, cálido y sin pretensiones-, se despliega en forrna ordenada
y prolija el testimonio de la genialidad de Mafalda desparramada por
todo el planisferio: ejemplares de sus libros en todos los idiomas y
formas posibles; muñequitas de las más diversas procedencias; afiches,
premios...
¿Por qué cree que Mafalda no ha perdido vigencia?
- Ni yo mismo lo sé. Tal vez porque muchas de las cosas que ella
cuestionaba todavía siguen sin resolverse, de eso no quedan dudas. Es
más, a veces me sorprende cómo algunas de esas tiras dibujadas hace más
de veinte años todavía pueden aplicarse a cuestiones de hoy. Sin ir más
lejos, el año pasado salió en Italia un libro con las viñetas que
acompañaban a las tiras de Mafalda en la revista "Siete Días". Estaban
separadas por temas: política, economía... Lo increíble es cómo muchas
de esas historietas parecían hacer referencia directa a la campaña de
Berlusconi.
Supongamos que Mafalda hubiese surgido en los '90, y no en los '60.
¿De qué hablaría hoy?
- No sé, de lo mismo... del sida, las injusticias, la eco- logía, la
manipulación genética... Es que en realidad desde que dejé de hacerla no
me puse a pensar en qué diría. Cada tira de Mafalda me llevaba un día
entero de trabajo, desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde.
Pero de todas formas, yo creo que siempre siguen naciendo Mafaldas ¿no?
Es más, las Mafaldas de hoy están mucho mejor informadas a través de los
medios de comunicación que aquella Mafalda de los '60.
Cuando le toca hablar de su personaje más célebre, a Quino sólo le resta
sonrojarse. Es tímido e introvertido, y por momentos tiene una sonrisa
tan tierna que parece un Felipe en versión adulta. El toma a Mafalda
como una parte importante de su carrera, "pero fueron sólo diez anos,
nada más, y yo ya tengo 40 de profesión", aclara.
¿Le molesta hablar de Mafalda?
- No, para nada. Muchos creen que Mafalda me persigue pero no, sólo me
acompaña. En mí no se da esa fábula de los celos entre el autor y sus
personajes. Además me alegra que la halaguen, porque es parte mía. La
gente siempre necesita de un nombre y de un personaje con el cual
identificarse; es lógico entonces que se acuerden más de Mafalda: fue el
único personaje de historieta que hice. Pero los mismos temas que le
preocupaban a Mafalda y que me preocupan a mí, aparecen en las páginas
de humor que publico actualmente en la revista de "Clarín".
¿Se puede llegar a modificar algo con el humor?
- No, no lo creo. Pero ayuda. Es el pequeño granito de arena que uno
puede aportar para modificar las cosas.
¿Mafalda logró cambiar algo?
- Yo diría que no. La prueba está en que se sigue leyendo igual que
antes. Es decir que siguen vigentes los mismos problemas, las mismas
injusticias que hace veinte años.
La historia oficial de Mafalda recorrió, a lo largo de una década de
existencia formal, un camino con varios domicilios fijos: apareció en
"Primera Plana" poco antes del golpe de Estado que derrocó al presidente
Arturo Illia y un año después de que Los Beatles dieran su primer
recital en Hamburgo. En ese semanario estuvo hasta el 9 de marzo de
1965. Reapareció en el diario "El Mundo" una semana después y se
convirtió a partir de entonces en una tira diaria. El matutino cerró el
22 de diciembre de 1967, y con él también Mafalda. Hasta ese día, la
niña fascinante y reflexiva, acompañada de sus amigos, había aparecido
en 974 tiras; mientras tanto, los dos primeros números de Mafalda,
publicados por la editorial Jorge Alvarez, llevaban vendidos 130.000
ejemplares.
La historieta estuvo casi seis meses sin publicarse, aunque su éxito ya
se había extendido y la reproducían varios diarios del interior del
país. Finalmente la revista "Siete Días", donde Quino tenía una página
de humor, le propuso remplazarla por las tiras de Mafalda. La historieta
llegó de esta forma a su última residencia, desde la que se despide de
los lectores el 25 de junio de 1973.
¿Cómo tomó la decisión de abandonar a Mafalda?
- Fue una cosa que me costó mucho, pero no quería que Mafalda fuera como
esas historietas que la gente lee por costumbre, pero que no tienen
sentido. Además, hacer una historieta no es lo mismo que hacer una
página de humor. Es un trabajo más rutinario, y por lo tanto uno se
siente más limitado. La historieta obliga a dibujar siempre a los mismos
personajes y en la misma medida. Es como si un carpintero tuviera que
hacer siempre la misma mesa, y yo también quería hacer puertas, sillas,
banquitos ... Una vez me preguntaron si no pensaba en resucitarla. Y
resucitarla significaría que está muerta. Nadie duda que está bien viva,
afortunadamente. En realidad, Mafalda fue anunciando su retiro desde las
viñetas que acompañaban a la tira en "Siete Días". La señal más conaeta
y definitiva estuvo, claro, a cargo de la chismosa Susanita: "Ustedes no
digan nada que yo les dije -susurró desde un cuadrito el 18 de junio de
1973-, pero parece que por el preciso y exacto lapso de 'un tiempito'
los lectores que estén hartos de nosotros van a poder gozar de nuestra
grata ausencia dentro de muy poco".
A la semana siguiente, Quino publicaba las últimas tiras en la historia
de Mafalda. Desde aquel 25 de junio de hace 21 años, el personaje no
volvió a aparecer, salvo en campañas de bien público como las que el
dibujante hizo para la UNICEF y la Cruz Roja. También hay Mafaldas
privadas -que el autor envía a sus amigos en ocasiones especiales- y
otras que andan sueltas por ahí y a las que Quino echa mano cuando tiene
bronca.
- ¿Ve? Ahí sí que todavía dibujo Mafaldas. Cuando voy a algún lugar
donde atienden mal a la gente, o cuando quiero quejarme por algo, en vez
de escribir una carta dibujo una Mafalda: ella es la portavoz de mi
bronca.
También hay Mafaldas "truchas". Cientos de veces utilizaron los
personajes para los fines más insólitos sin que su creador pueda ponerle
freno, o al menos controlar el uso y abuso de ese ejército de Mafaldas,
Felipes y Manolitos que andan por ahí apoyando causas con las que no
siempre está de acuerdo.
- Es algo inevitable e inmanejable -dice Quino-. Ahora, lo que me
resulta increíble es cómo cada uno toma del personaje lo que más le
conviene y lo usa como se le canta. A Mafalda la usaron los franquistas
en España, y sin ir más lejos, hace poco estuve en Tandil y vi afiches
del MODIN con la imagen de Mafalda. Ahora con Alicia (su mujer desde
hace 35 años) hicimos un modelo de carta negándonos a dar autorización
para que la usen, porque son tantos los pedidos que no podemos
controlarlos a todos; uno nunca sabe para qué lado van a disparar.
El tema parece obsesionarlo. Sobre su tablero de dibujo -completamente
blanco y ordenado- hay un único libro: "Seis personajes en busca de
autor" del escritor italiano Luigi Pirandello. Quino abre una página del
libro y lee las líneas de un diálogo: "Cuando un personaje nace,
adquiere enseguida una independencia tal de su mismo autor, que puede
ser imaginado por todos en situadones en que el autor no pensó colocarlo
y hasta adquirir, a veces, por sí mismo, un significado que el autor
nunca soñó darle".
Mafalda, como tantas celebridades, también arrastra las cadenas de su
popularidad. Aunque se bajó del escenario en 1973, sigue viviendo y
creciendo de generación en generación. Se fugó de los diarios y revistas
para multiplicarse en oficinas, casas y comercios; sus tiras aparecen
pegadas en los lugares más insospechados y alguna vez las siluetas de
Mafalda y sus amigos remplazaron a los personajes de Disney en las
paredes de las guarderías. Nunca falta quien ante determinada situación,
traiga a cuento un chiste de Mafalda. Es un dásico, una obra maestra de
la historieta.
El primer libro de Mafalda apareció en 1966 y en total se publicaron lo
volúmenes. Daniel Divinsky, de Ediciones De La Flor, dijo que resulta
dificil calcular la cantidad de ejemplares que Mafalda lleva vendidos en
el país, pero estimó que cada uno de los lo libros debe andar por los
dos millones. Sí tiene cifras más certeras sobre las dos recopilaciones
que lanzó en los últimos años: "Mafalda inédita", que incluye todas las
tiras que salieron alguna vez del trazo de Quino y que jamás habían sido
publicadas, lleva vendidos desde su aparición en 1988, 115.ooo
ejemplares. "Toda Mafalda", un grueso volumen de más de 600 páginas que
se lanzó en 1993 -con absolutamente todas las Mafaldas, publicadas o no,
públicas y privadas-, ya está en 55.000 hogares y está próxima a salir
la quinta edición, con 15.000 más. Hay otros tres libros de Mafalda con
las viñetas que aparedan en "Siete Días": "Al fin solos", "Y digo yo..."
y "A dónde vamos a parar".
Todo este universo salió de la imaginación de Joaquín Lavado. Un
mendocino que sólo pudo terminar el prima- rio, que perdió a sus padres
antes de los 15 años y que hoy, a los 62, sigue tan simple y tímido como
entonces, cuando decidió que su vocación sería el dibujo. Ancló en
Buenos Aires a los 18, con su carpetita de chistes a cuestas. Se hizo de
un nombre y triunfó. Aunque nunca nadie le haya enseñado a nadar o a
manejar una bicicleta -mucho menos un automóvil-, aunque no haya tenido
hijos ni plantado un árbol, Quino se ganó a fuerza de alma y tinta un
lugar entre esos ángeles que tan bien dibuja.
Y
a su lado, claro, está esa Ciudadana Ilustre del mundo que se llama
Mafalda.
Quino prefiere a Miguelito que a Mafalda
- Entrevista de Pagina 12
-El dibujante argentino Joaquín Lavado "Quino" se identifica más con
Miguelito y Felipe que con Mafalda, su personaje más popular, y se
declara socialista hasta la muerte, aunque confiesa no tener una buena
relación con Fidel Castro.
"Un personaje esclaviza mucho y yo tenía mucho miedo de repetirme",
señala para explicar por qué hace 30 años dejó de dibujar a la rebelde y
aguda Mafalda y a sus compañeros de tira.
En una larga entrevista publicada por el diario "Página/12", Quino, de
71 años, habla entre otra muchas cosas de sus ideas políticas, que
hicieron que tuviera que dejar Argentina en la época del régimen militar
(1976-1983).
"Yo lo que espero es que a la larga se intente otra forma de socialismo.
No igual al que ya fue, pero para mí sigue siendo el mejor sistema de
Gobierno", señala.
Sobre Cuba, donde ha estado ocho veces, "siempre" por trabajo, Quino
dice que al presidente de ese país, Fidel Castro, no le cayeron bien las
dos tiras de Malfalda en las que se habla de él.
"Cuando fui por primera vez a Cuba me pidieron explicaciones al respecto.
Fidel, que es famoso por su memoria, cada vez que me ve me pregunta:
¿Quién eres tú chico?. Me ignora completamente", recordó.
En uno de esos encuentros, según Quino, después de que Castro le hiciera
la "consabida" pregunta, habló con él sobre si estaba prohibido que le
hicieran caricaturas.
Castro le autorizó a él a hacerle "todas" las que quisiera, pero le
advirtió: "siempre que no me hagas contrarrevolución, porque si no te
tengo que poner preso", señaló el dibujante argentino.
Quino, descendiente de andaluces, se declara en la entrevista con
"Página/12" un hombre débil y contenido, dice que nunca sintió la
necesidad de ser padre y opina que sus compatriotas no tienen sentido
del humor.
"Con el fútbol no te podés meter. Hacés una broma de fútbol y hasta
podés perder la vida. Te pueden matar en serio", señaló.
En el terreno político siente "simpatía" por el actual presidente
argentino, Néstor Kirchner, y por el de Brasil, Luiz Inacio Lula da
Silva, y considera que el presidente de Francia, Jacques Chirac, aunque
"de derecha", es un político nato de los que ya no quedan.
Al presidente de Estados Unidos, George Bush lo compara con Ming, la
encarnación del mal en las historietas de Flash Gordon y dice que, como
la mayoría de los gobernantes de hoy, está "sordo" ante las opiniones y
necesidades de la gente.
Al subrayar que está a favor de "fortalecer el Mercosur", insta a
aprovechar el hecho de que "los norteamericanos están distraídos en otra
zona del planeta" para "hacer algo bueno" en América Latina.
A los 71 años, Quino considera que su vida ha sido buena, porque logró
ser dibujante, algo que tenía seguro desde niño, y quiere a todos sus
personajes, a los que dice haber protegido del "merchandising rabioso",
aún a costa de perder dinero.
El dibujante se siente más identificado con Miguelito y Felipe que con
Mafalda, porque, como ellos, se pasa la vida haciéndose "preguntas
inútiles" y dice que al materialista Manolito, el hijo del almacenero,
lo creó como contraste su propia incapacidad para manejar el dinero.
En sus dibujos, que piensa seguir haciendo hasta el final, trata de
volcar su "obsesión" por la relación entre los débiles y los poderosos,
la impotencia de los pobres frente a los ricos.
Está seguro de que "el capitalismo también se va a ir al carajo" y no
cree que el derrumbe del socialismo signifique su desaparición
definitiva.
"Si pensamos que al cristianismo le llevó tres siglos imponerse, ¿por
qué no podemos pensar que el socialismo regresará y finalmente podremos
vivir en un sistema más justo y más humano para todos?", concluye.